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Y... ¿si dejamos de amar o nos dejan de amar? ¿Cómo podremos empezar de cero?

Rápidamente se acerca el final de este 2012, en efecto, tal como estaba pronosticado ha sido una época de cambios, de convulsiones, de cerrar etapas, de derrumbar puentes obsoletos, de remover estructuras, de cerrar puertas y clausurar edificaciones. 

Con mi ciudad en llamas, caminaba despacito sobre los escombros, a tientas, sin luz. Con miedos empecé a recorrer lugares viejos pero desconocidos, casas inhabitadas desde hace años, recónditos espacios que desconocía, porque esos puertos en donde ya durante mucho tiempo había anclado mi barco, ardieron ante la mirada incauta de propios y extraños, y ese incendio aunque poco publicitado y anunciado por las aves de rapiña que nos rodean, consumió desde adentro mis ganas de continuar. 

Allí se consumieron mis ganas, mi voluntad de confiar, vi como se iban quemando una a una las letras de la palabra amor, observaba como el verbo amar sucumbía ante la posibilidad de que alguien viniera a salvarlo, aunque ahí estaba yo, mirando desde lejos, esperando a que muriera, sin hacer nada, solo mirando... durante meses, solo mirando. Y cuando ya estaba a punto de la asfixia, en medio de la tristeza y la desolación apareció una figura conocida, unos labios ya saboreados, unas caricias que aun latían en mi piel. 

Entonces fuimos dos caminando sobre escombros, supe que a él también se le derrumbó una ciudad,  y sobre las ruinas, sin darnos cuenta, empezamos a construir, empezamos a andar las trochas de vida que nos aparecían por delante a medida que avanzábamos, superando miedos, sobreponiéndonos a las tristezas, compartiendo soledades. Y por ello, "quiero que me perdonen en este día los muertos de mi felicidad".

Y ahora, queremos poner nuestros propios cimientos, los primeros, esos que dicen son los más difíciles de colocar, y recordamos entonces las desconfianzas, los amores fallidos, las lágrimas derramadas, y en acción-reacción emergen las barreras y las murallas, aparecen terceros y cuartos y quintos, y fantasmas, y el orgullo y los egos pueden más que las palabras de amor, y aquí, ahora, me pregunto... ¿Cómo comenzar de cero? 

Y lo confieso, y venzo mis miedos, y derramo mis lágrimas, y lo grito a los cuatro vientos: yo quiero construir una casa, nuestra casa. 

Llena de libros y canciones. Una que se adorne en navidad con nuestros sueños, con nuestros anhelos, que grite gol y libertad, y venceremos, una que de cuenta de mis actos, de los tuyos, de mi vida de la tuya, donde seamos cada uno, diferentes pero compartiendo, una casa en donde jueguen las sonrisas y las cosquillas, una que a pesar de los escombros, que a pesar de los temores tenga los cimientos fuertes, una casa en donde la palabra y los actos no se contradigan, en donde la dignidad y el respeto inunden cada rincón. 

Un lugar en donde seamos hombre y mujer nueva, revolucionarios incansables, luchadores aguerridos, alfajores de almendra y Giocondas , una casa en donde podamos, como el ave fénix,  resurgir de las cenizas.  

Y si no podemos comenzar de cero, y construir sobre los escombros, y amar de nuevo, y gritar a los cuatro vientos que queremos una casa, entonces deja este puerto, abandona este barco, parte ahora que solo quedarán uno que otro ladrillo para los cimientos y no una ciudad entera que derrumbar.







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